Os dejo colgado un artículo que me manda Francisco Borrego. Gran verdad la que cuenta. Ahora solo me queda felicitaros por el cumpleaños de hoy, y desearos de todo corazón, a todos, si repito, a todos, que los disfrutéis en compañía de los vuestros.
Que la fama es efímera es algo que estamos viviendo muy de cerca: Personaje que no hace tanto lo alababan y seguían multitudes al amparo de unas soflamas de gloria y de grandeza para un futuro cercano. Individuo que se jactaba ridiculizando aquello que no le interesaba, porque temía, y al que le hacían la corte aduladores del periodismo sevillano. Excéntrico a más no poder acaparaba todo el noticiero deportivo porque sus delirios de grandeza imponían un punto y seguido en aquellos supuestos días de vino y rosas.
Fue pasando el tiempo y cada cual vuelve a su sitio, no hay nada más certero que el transcurso de los años, para dar a cada cual lo que se merece. De aquel ególatra del fútbol sevillano, casi nadie ya ríe sus gracias, sus expresivas soflamas han pasado a ridiculizarse y convertirse en motivo de chanza en tertulias y corrillos. Hasta tanto ha llegado el olvido, que aquel estadio que iba a ser su megalómana obra para la posteridad, para mayor grandeza de su gloria y circunstancial satisfacción de su ego, hoy los suyos, aquellos que tanto le aclamaron, mantienen una votación para cambiar su nombre, el que cinceló a golpes de interesados deseos este personaje que tanto contribuyó a su nominación, por otro más acorde con la nueva etapa.
El olvido es frío, soledad de indiferencia que recorre los espacios y acusa a quienes no fueron sinceros con sus palabras. Calculador, especula con el momento de reflejar la realidad que se transmitió. Todo se paga, el tiempo contribuye a poner las cosas en su sitio. Después de tanta borrachera de confetis, de palabras vacías dichas al amparo de engañadas multitudes, se produce el vacío que provoca el engaño. Y de aquello que enalteció sus instintos sólo queda la soledad que se filtra por el interior del cuerpo, torturando la mente con posibilidades que quedaron perdidas y frustradas en el recuerdo de lo que pudo haber sido y no fue.
Fco. Borrego
Que la fama es efímera es algo que estamos viviendo muy de cerca: Personaje que no hace tanto lo alababan y seguían multitudes al amparo de unas soflamas de gloria y de grandeza para un futuro cercano. Individuo que se jactaba ridiculizando aquello que no le interesaba, porque temía, y al que le hacían la corte aduladores del periodismo sevillano. Excéntrico a más no poder acaparaba todo el noticiero deportivo porque sus delirios de grandeza imponían un punto y seguido en aquellos supuestos días de vino y rosas.
Fue pasando el tiempo y cada cual vuelve a su sitio, no hay nada más certero que el transcurso de los años, para dar a cada cual lo que se merece. De aquel ególatra del fútbol sevillano, casi nadie ya ríe sus gracias, sus expresivas soflamas han pasado a ridiculizarse y convertirse en motivo de chanza en tertulias y corrillos. Hasta tanto ha llegado el olvido, que aquel estadio que iba a ser su megalómana obra para la posteridad, para mayor grandeza de su gloria y circunstancial satisfacción de su ego, hoy los suyos, aquellos que tanto le aclamaron, mantienen una votación para cambiar su nombre, el que cinceló a golpes de interesados deseos este personaje que tanto contribuyó a su nominación, por otro más acorde con la nueva etapa.
El olvido es frío, soledad de indiferencia que recorre los espacios y acusa a quienes no fueron sinceros con sus palabras. Calculador, especula con el momento de reflejar la realidad que se transmitió. Todo se paga, el tiempo contribuye a poner las cosas en su sitio. Después de tanta borrachera de confetis, de palabras vacías dichas al amparo de engañadas multitudes, se produce el vacío que provoca el engaño. Y de aquello que enalteció sus instintos sólo queda la soledad que se filtra por el interior del cuerpo, torturando la mente con posibilidades que quedaron perdidas y frustradas en el recuerdo de lo que pudo haber sido y no fue.
Fco. Borrego

