Hemos vivido unos días frenéticos, tanto en los despachos, como en lo deportivo, con todo lo que ha rodeado la semifinal de copa frente al Real Madrid.
Pero hoy había que cambiar el chip. Tocaba afrontar un encuentro frente al Deportivo de la Coruña, que por si ustedes no lo saben, yo les digo, que tan solo anotó quince tantos en lo que va de liga.
Y claro, como suele ocurrir de vez en cuando, pues los señores entrenadores, se meten a eso, y les da ese ataque raro que solo los de su especie suelen sufrir.
Saca el técnico de Bailén una defensa de cuatro, compuesta por Dabo, Alexis, Escudé y Cáceres. Hasta ahí, pues todo normal, toda vez que Sergio Sánchez debe andar renqueante de las patadas del negrito del Madrid. Pone en el centro del campo a Fazio y Renato, dejando las bandas para Alfaro y Capel. Yo esto no lo comprendo. Es imposible que un equipo con estos cuatro jugadores juntos en el campo, pueda robar un solo balón, máxime cuando Fede Fazio está absolutamente falto de ritmo. Dejó el entrenador a Luis Fabiano y Negredo en punta.
La suerte nuestra hoy, es que teníamos enfrente, probablemente al peor equipo de primera división a estas alturas de la temporada. Además aderezado, con que cuentan, con el peor entrenador de primera, con mucha diferencia.
El balón era de los locales, entre otras cosas, porque es imposible robar un solo balón con la alineación dispuesta por Manzano. Fruto de ello, en una jugada aislada en la primera mitad, cuando corría el minuto 15, Lassad recoge el balón en la línea de tres cuartos y ante la pasividad de Alexis y Fazio y con la mala colocación de Palop, pone el uno a cero en las bandas.
Si el señor Lotina, ya de por sí, no es que sea un entrenador conservador, es que es miedoso y la mayoría de las veces, roza la paranoia, pues como ustedes imaginarán, se terminó la primera parte, sin apenas nada reseñable.
Cuando todos esperábamos la entrada de Zokora, para equilibrar el tremendo agujero del centro del campo, se plantan los jugadores sobre el césped para comenzar la segunda mitad, sin cambios en nuestro equipo.
En el minuto 53, retira Manzano a Alfaro, dando entrada a Acosta. El partido seguía igual. El argentino también acusa la falta de minutos, y aunque en una internada por la banda, tuvo una ocasión clara, no acertó con el marco de Aranzubía.
Entre todo esto, y con un Sevilla lanzado en busca del empate, nos cogen en una contra y Palop, nuevamente mal colocado, tiene que para el balón con la mano fuera del área, lo que conlleva su expulsión por roja directa.
Diez minutos más tarde, Lassad que debió ser expulsado por agredir a un jugador del Sevilla, aprovecha una jugada colectiva de su equipo, para poner en franca ventaja a los locales y subir el dos a cero a las tablas.
Dos minutos más tarde, Álvaro Negredo (me quito el sombrero ante el derroche de casta y la excelencia del vallecano ante el gol), consigue acortar distancias. Lotina se descompone y manda a su equipo, a defender a ultranza el resultado. Qué pena de entrenador, aunque en éste caso nos haya beneficiado su actitud.
A partir de entonces, el partido se vuelve loco. Jugadas conflictivas, gol anulado al Depor incluido. El Sevilla con diez, con Negredo jugando en la banda izquierda y achicando lo que podía, se aprovecha de la falta de ambición del Depor. Se produce una falta en el minuto 73, la lanza Luis Fabiano y no consigue blocar Aranzubía, lo que aprovecha Escudé, para poner el empate a dos en el marcador.
Otro problema para el pésimo Lotina. Manda a su equipo arriba, pues no le queda otra y en un balón largo de Zokora, control con el pecho de Negredo, orientando el balón hacia su pierna izquierda y extraordinario gol, que ponía al Sevilla por delante. Faltaban once minutos, y más por la inoperancia de los locales, desastrosamente dirigidos, nos poníamos por delante.
Pero cuando el reloj marcaba el minuto 89, de nuevo llega la polémica y como no, de nuevo en perjuicio del Sevilla. Andan diciendo que el juez de línea, levanta la bandera por una falta anterior de Negredo (que existe), pero el balón llega a Laure y este bate a Varas, subiendo al marcador el definitivo empate a tres.
Un servidor se queda con el mal sabor de boca de un empate ante el peor equipo de primera. Dirigido por el peor entrenador de primera. Pero como se puso el partido, tras la expulsión y con dos a cero perdiendo, pues bueno debemos catalogar el punto.
Para finalizar, pues reseñar de nuevo, el tremendo error de Gregorio Manzano en la alineación inicial. A mí este hombre me sigue causando muchas dudas. Yo me he mojado y ahora me gustaría que lo hicieran ustedes. ¿Es Manzano el entrenador idóneo para un Sevilla grande (después de las inversiones, así lo veo yo) y con aspiraciones? ¿O es el entrenador, que perdió la Campions el año pasado (en nuestro beneficio) por sus desastrosos planteamientos fuera de casa?