Yo no soy historiador, y con los fenómenos que tenemos en el Sevilla, tampoco me voy a meter en “jardines” de los que seguro no saldría muy bien parado. Pero como el tema de actualidad en determinados foros y blogs está siendo la preparación física de nuestro primer plantel, pues he pensado que a lo mejor sería bueno recordar algo que ya casi tengo perdido en la memoria.El primer año, que me consta que fui socio del Sevilla por primera vez, fue la temporada 69/70. Acababa de llegar a Sevilla un entrenador extranjero llamado Max Merkel. Por aquel entonces y con seis años, como ustedes comprenderéis, no tengo la suficiente claridad como para poder daros datos o manifestaros con claridad que veía yo en el Pizjuán cuando acudía a ver los partidos.
Pues me he desplazado a Coca de la Piñera, donde vive aun una de las personas que más quiero y que ante la ausencia de mi padre, me habla sobre aquellos maravillosos años, que aunque era pequeño, no tengo noción suficiente para relataros nada.
Me cuenta mi tío, que llegó a Sevilla un alemán, que revolucionó completamente los ideales y métodos que existían en aquella época. Era un tipo serio, introvertido y trabajador incasable.
El Sevilla Fútbol Club, acababa de ascender a primera división y pocos eran los recursos económicos de los que disponía. Por lo que se esperaba que con la “sapiencia” del técnico alemán, el equipo cuando menos fuera capaz de mantener la categoría.
Cuenta mi tío, que escribían los cronistas de entonces, que hacia subir y bajar las gradas a los jugadores con grandes cargas de peso, para de este modo, conseguir una extraordinaria fortaleza física.
Pues ese equipo, que contaba con la mayoría de los jugadores del año anterior, fue capaz de clasificarse tercero, haciendo incluso internacional a algún jugador, que nadie podía pensar unos meses atrás. Ese equipo era un portento físico, que ante la limitación de jugarle a los contrarios de tú a tú en el aspecto técnico, se los comía en el césped, dejándose hasta la última gota de sudor. No había un solo jugador que no terminara el encuentro, con la camiseta empapada de sudor.
Volviendo a nuestros días, y después del bochornoso repaso que nos dio el Athletic de Bielsa el pasado domingo, es eso precisamente lo mínimo que tenemos que pedir a los nuestros.
Los tiempos han cambiado mucho. Hoy hay unos métodos modernos que nos hacen saber en todo momento cual es el estado físico que tienen los jugadores.
A modo de ejemplo. El equipo que nos “humilló” el pasado domingo, ayer lunes entrenó por la mañana, en sesión de recuperación, para trasladarse a mediodía a un acto de carácter publicitario. Comieron todos juntos después del evento, para entrenarse de nuevo por la tarde y finalizar el día con una sesión de video sobre el partido del Sevilla. Pues bien, los nuestros el lunes tuvieron descanso.
Hoy han vuelto los integrantes de nuestro primer plantel al trabajo. Les han colocado de nuevo esos famosos “tubitos” y han tenido lo que califican como un intenso entrenamiento físico. Espero que hayamos aprendido, que cojamos la senda del trabajo y el buen hacer. Y sobre todo, que si perdemos o ganamos, al menos, al final de cada partido podamos decir con orgullo, que los nuestros han sudado la camiseta.